Cuando rompes con alguien que lo era todo para ti, tu realidad se fragmenta y no sabes qué hacer con tanto pedazo suelto. Las personas que te aprecian te dirán aquello de «pasa página, ahora céntrate en ti y olvídate de esa persona». Este tipo de comentarios tienen una buena intención, pero… ¿Cómo demonios se hace eso de «olvidar» a quien todavía sigues queriendo? No, esa fórmula no funciona. Es más, si te pones a buscar en Internet, encontrarás mil consejos superar un ruptura, pero tu mente, cabezota ella, seguirá ahí, obsesionada por volver al pasado, en querer contactar, en ver todo lo que publica en redes sociales… Tu cerebro está atrapado en el «no puedo olvidar a mi ex», sin poder salir de ese bucle. Entonces, «¿qué hago ahora con mi vida?».
Bien, lo primero que quiero decirte es que todo lo que sientes es válido, comprensible y hasta lógico. No eres un o una dependiente emocional por sufrir lo indecible, por desear volver con esa persona que ya no te quiere. Las personas somos seres emocionales que se vinculan y, cuando nos rompen el corazón, el cerebro seguirá anclado a esa figura durante bastante tiempo. Así que empieza a echarle la culpa de lo que te ocurre a él. Ese universo neurológico está ahora mismo dominado por diversos procesos que hacen difícil que puedas avanzar. Pero te aseguro, que poco a poco lo irás logrando. En mi caso, no quiero darte consejos fáciles sobre qué hacer en estos casos. Quiero enseñarte lo que te está pasando ahora para que te entiendas mejor, y desarrolles estrategias que están en sintonía con tu complejo universo neurológico.

Échale la culpa a tu cerebro del sufrimiento
Puede que hayas leído que el duelo por una ruptura de pareja dura entre 3 y 6 meses. No hagas caso. En realidad no hay un tiempo estipulado para sanar el dolor que se abre después del fin de una relación, sobre todo, cuando aún sigues queriendo a esa persona. Ojalá existiera un manual o libro de instrucciones que nos valiera a todos por igual, pero no es así, sobre todo cuando hablamos de emociones y de desamor…
Cada persona es un mundo y, cada uno de nosotros, somos el resultado de un pasado, de unas experiencias que nos condicionan, de una personalidad y un tipo de apego… También de un cerebro que está dominado por unas realidades internas que dificultan el que puedas recuperar las riendas de tu vida. Comprender cómo funcionan esos procesos neurológicos post-ruptura te permitirá tomar conciencia de por qué sientes, piensas y actúas como lo haces.
Ahora bien, esto no tiene por qué determinarte. El cerebro te condiciona, es cierto, pero tú no eres tu cerebro: puedes hacer cambios, iniciar nuevas conductas y aplicar otros enfoques psicológicos para «reprogramarlo» aprovechando su neuroplasticidad natural. Te aseguro que el sufrimiento que te atenaza ahora (del todo comprensible) se irá disipando poco a poco.
Toma nota de estas características que aparecen cuando estamos atravesando por una ruptura sexoafectiva:
Sistema de vinculación ¡Necesito tenerlo/a cerca!
El sistema de vinculación entre las personas basa en la conexión y está impulsado principalmente por la oxitocina y la vasopresina. Después de una ruptura, este sistema se hiperactiva, obligándonos a necesitar de forma casi desesperada, el poder conectar de nuevo con nuestra expareja, aún sabiendo que ha dejado de querernos. Tu cerebro ansía ese aporte de neurotransmisores y hormonas que conseguía cuando estaba con esa persona tan especial… Ahora, ese vacío lo estresa.
Considera lo siguiente: ten a tu lado a un sistema de apoyo cálido y afectuoso, como por ejemplo tus amigos y familiares. El pasar tiempo juntos, recibir abrazos, consuelo, las palabras amables y sentir la tranquilidad de su cercanía puede ser muy útil. Gracias a ellos podras seguir produciendo oxitocina y poco a poco tu cerebro se calmará.
Sistema de recompensa ¿tengo una adicción?
El sistema de recompensa está asociado con la motivación que nos impulsa a conseguir algo que nos gusta, que nos hace sentirnos bien, que nos da placer, seguridad y felicidad. La dopamina y los opioides endógenos son los principales impulsores neuroquímicos de este mecanismo y, lo llamativo, es que cuando rompes con tu pareja, se hiperactiva.
Es importante saber que estas vías de recompensa son las mismas que en los procesos de adicción a las drogas. Así, estudios como los realizados por la célebre antropóloga y experta en el amor Helen Fisher y divulgados en Frontiers in Psychology, nos hablan de esta relación. Cuando alguien a quien querías ya no está contigo, es como sufrir un síndrome de abstinencia. Cuesta mucho poder centrarse en otras cosas y llevar una vida normal, porque tu cerebro no deja de recordarte el pasado, de evocarte momentos, sensaciones, el olor de él o de ella, su voz, sus gestos… Y el sufrimiento es inmenso.
Considera lo siguiente: Es necesario ignorar lo que te dice tu cerebro (lo sé, es más fácil decirlo que hacerlo…) Él te instirá en que vuelvas a contactar, que pidas una conversación, que vayas a ver a esa persona… No lo hagas. Esto incrementa aún más el sufrimiento. Lo más idóneo es no llamarle, no enviarle mensajes, borrarlo de tu agenda del móvil y de tus redes sociales. El contacto cero, aunque duela, es el primer paso para la sanación de una ruptura.
Sistema del dolor: siento una herida que no se cierra
No puedes olvidar a tu ex y esa sensación es como tener el corazón roto, ¿verdad? El hecho de que sea así no es casualidad. Los sentimientos de tristeza, de desesperación y hasta de rabia se vuelven físicos, te duele todo, te sientes agotado/a… Lo cierto es que tras la separación, los niveles endógenos de opioides tienden a disminuir, lo que contribuye a los sentimientos de angustia y dolor. Además, el cerebro procesa las rupturas y los rechazos del mismo modo que una quemadura o un golpe. Dicho de otro modo, el dolor emocional se vuelve físico, tal y como describen en Psychosomatic Medicine.
Considera lo siguiente: en terapia podemos usar el enfoque del EMDR para reducir el sufrimiento e integrar esa vivencia. De forma complementaria, es útil que practiques la autocompasión y el autocuidado. Pasear por la naturaleza, escucha música, practica yoga, mindfulness, atiende y regula el impacto de tus emociones en tu cuerpo… Asimismo, usar el arte como catarsis suele ser efectivo para reducir el dolor emocional. No dudes en probarlo.
Sistemas de estrés: estoy al límite
Cortisol, adrenalina, noradrenalina… ¿Te suenan? En efecto, después de una ruptura, es común que sientas cierta hiperactividad en tu sistema nervioso, es decir, experimentas ansiedad, palpitaciones, cambios en el apetito, problemas para dormir, etc. Es como estar en un laberinto sin salida dominado por infinitos síntomas psicofísicos.
Considera lo siguiente: La conexión con la naturaleza, el ejercicio o el movimiento (por ejemplo, caminar, bailar, el deporte o el yoga), así como las estrategias de relajación, como la imaginación guiada, pueden resultar relajantes e ideales para regular tu sistema nervioso. Además, no olvides activar tus sentidos, los olores, los sonidos relajantes, admirar escenarios que te agraden, las texturas estimulantes… Aunque te sorprenda, todo ello suele ser de ayuda en estos casos, sobre todo para regular tu sistema nervioso. Un cuerpo y un cerebro en calma empieza a ver las cosas de otra manera, con menos sufrimiento.
Sistema de regulación de las emociones: la tristeza me asfixia
Pocas realidades son más devastadoras que el abandono, que una ruptura y el descubrir que ya no somos amados. No solo te asfixia la tristeza o la nostalgia, también sientes ira y enfado… Te da rabia que después de tantas experiencias y momentos compartidos, todo se haya volatilizado, tienes la sensación de no poderte creer lo que ha sucedido. Y que sientas toda tu piel emocional en carne viva es algo normal, porque tu cerebro, en esos instantes, presenta una corteza prefrontal menos activa. Es decir, cuesta más regular las emociones, controlar los impulsos y reflexionar con calma sobre lo sucedido.
Considera lo siguiente: toma contacto con todas esas emociones que hay en tu mente y en tu cuerpo. Dales nombre, identifícalas y procura canalizarlas. Te ayudará llevar un diario y escribir lo que sientes. Recuerda siempre que tú no eres tus emociones, no eres tu tristeza, tu desolación, tu nostalgia o tu enfado. Eres la persona que las contiene y que elige qué hacer con ellas. En este caso, es momento de hacer un duelo, de aceptar lo sucedido, de atenderte con compasión y dejar a un lado los rencores. Lo vivido forma parte de tu historia, pero el libro de tu vida sigue reescribiéndose hacia delante, en el futuro ( no en el pasado). Es momento de crear nuevos capítulos. Pero lo primero, es sanar esa herida y avanzar a través de un duelo emocional.
Redes cognitivas: no puedo dejar de pensar en mi ex
Durante los períodos de estrés, como son sin duda las rupturas de pareja, el cerebro experimenta problemas de concentración, de organización y memoria. Es un proceso normal, pero temporal, en el que cuesta tomar decisiones y pensar con claridad. Es más, con frecuencia deriva en obsesiones, en querer tomar el contacto, en centrarte solo en los buenos recuerdos y no en aquellas partes menos amables. Es como si tu cerebro buscara torturarte, crear una cárcel de sufrimiento perpetuo…
Considera lo siguiente: ofrécele nuevos estímulos a tu mente. A veces, los pequeños cambios despiertan la atención y hasta la ilusión, obligando a tu cerebro a poner el foco en otros escenarios y no en ese pasado que ya no tiene cabida ni sentido. Descubre nuevas aficiones, apúntate a cursos, conoce nuevos amigos… Todo ello son como aperturas a otros senderos y umbrales capaces de aliviar sufrimientos para traer otros intereses. Vale la pena probarlo.
Recuerda, el tiempo no cura el dolor emocional, lo hacen tus estrategias
El tiempo, las hojas que arranques del calendario o los días que sumes tras ese final, no curan ni borran lo sucedido. Sana lo que hagas durante ese tiempo. De hecho, nunca olvidarás a quien amaste una vez y tuviste que dejar ir, pero aprenderás a vivir con esa ausencia. Te lo aseguro.
Por ello, es importante matizar que no hay un estándar sobre cuánto te costará superar dicha relación. Hay quien necesitará un par de meses y otros, tal vez un año. Lo que te ayudará es saber qué está pasando en tu cerebro y qué estrategias te permitirán regular ese dolor, y a focalizarte en otros objetivos y propósitos vitales. Lo decisivo es no estancarte en ideas irracionales y en obsesionarte en recuperar a quien ya no piensa en ti. La dignidad es lo primero.
Para superar una ruptura de pareja necesitas grandes dosis de amor propio, reformular narrativas internas y conectar con el entorno, con los amigos, con la familia, tus mascotas, etc. Esas figuras son tus espacios seguros donde poder sanar poco a poco. Por último, no te digas a ti mismo/a que vas a cerrar las puertas de tu corazón para siempre solo porque no estás teniendo suerte en esta materia. Amar siempre valdrá la pena, pero amarte a ti mismo/a para disfrutar de la existencia, más aún.
Bibliografía
Fisher, H. E., Xu, X., Aron, A., & Brown, L. L. (2016). Intense, passionate, romantic love: A natural addiction? How the fields that investigate romance and substance abuse can inform each other. Frontiers in Psychology, 7, 687. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.00687
Eisenberger, N. I. (2012). The neural bases of social pain: evidence for shared representations with physical pain. Psychosomatic Medicine, 74(2), 126-135. https://doi.org/10.1097/PSY.0b013e3182464dd1
iere que este

Deja un comentario